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domingo, 15 de enero de 2023

Abanderado del Regimiento de Infantería Zamora nº 29. Guerra Civil 1936.

 

Este unidad fue creada en 1580 y fue conocida inicialmente como Tercio de Boadilla. Más tarde sería conocida sucesivamente como Tercio de las Azores, Departamental de Holanda y Tercio de Valois.

El 20 de abril de 1715, con las reformas de Felipe V, toma la denominación de Regimiento de Zamora, que será el nombre que ostente la mayor parte de su historia

Por Orden de 13 de junio de 1931 (D. O. número 130), se fusiona con el Rgto. Isabel la Católica n.° 54, formando el "Regimiento de Infantería nº 8", quedando en guarnición en Lugo. 

En 1935 toma el nombre de "Regimiento Zamora n° 8", y en 1936 cambia el número por el 29, quedando de guarnición en La Coruña.

En julio de 1936 se suma al alzamiento e interviene a lo largo de la guerra en las operaciones en Asturias, Alto del León, Oviedo,  Vizcaya, Brunete, Teruel, Ebro y Cataluña.

Tras el advenimiento de la II República, Por Decreto de 27 de abril de 1931 se adopta un nuevo modelo de banderas y estandartes de los cuerpos militares que estarán formados por tres bandas horizontales de igual ancho, siendo la superior roja, amarilla la central y morada oscura la inferior. En su centro llevará el escudo de España que figuraba en las monedas de cinco pesetas acuñadas por el gobierno provisional en 1869 y 1870. 

En un decreto posterior, de 7 de mayo, se matizan las dimensiones de las banderas y estandartes, que serán de 1 m. de lado para las de unidades a pie y de 55 cm. los de unidades montadas. También se indica que estarán ribeteadas con flecos dorados y que rodeando el escudo se pondrá una inscripción bordada en letras negras sobre la franja roja indicando la unidad, regimiento o batallón y el arma o cuerpo, y en la franja morada con letras blancas el número de unidad y nombre si tuviera. 

Por decreto nº 77 de la junta de Defensa Nacional de 28 de agosto de 1936 se reestablece la bandera bicolor como pabellón de España en la zona sublevada. Las unidades que conservaban sus banderas republicanas optaron en su gran mayoría por cambiar el paño inferior morado por uno rojo, como es el caso del Rgto. Zamora.

La bandera es de 1 m. de lado, y está ribeteada con flecos dorados, estando formada por tres bandas horizontales roja, amarilla y roja de las mismas dimensiones, llevando en el centro de la banda amarilla el escudo aprobado por la república y estando este rodeando por una inscripción bordada en letras negras sobre la franja roja superior de "REGIMIENTO DE INFANTERÍA", y en la franja roja inferior la inscripción "NÚMERO 29" con letras blancas.

Figura:

La figura pertenece al catálogo del Viejo Dragón con la referencia TGC-20 en 65 mm.

EL Regimiento Zamora nº 29 formado en Santiago.


Comisario político de Batallón. Ejercito Popular Republicano. 1937 - 1939


Por Orden circular de fecha 15 de octubre de 1936 (D.O. núm. 214), firmada por Largo Caballero, se crea el Comisariado General de Guerra, cuya principal misión,según el artículo 1º, consistirá en ejercer un control de índole político-social sobre los soldados, milicianos y demás fuerzas armadas al servicio de la República y lograr una coordinación entre los mandos militares y las masas combatientes, encaminada al mejor aprovechamiento de la eficacia de las citadas fuerzas. 

El Comisariado será desempeñado por un comisario general de guerra auxiliado por cuatro sub-comisarios. Existirá además un comisario delegado de guerra en las divisiones, brigadas, regimientos, batallones, columnas de combatientes y unidades armadas de cualquier clase e índole. 

Al día siguiente se publica una nueva orden circular, ampliatoria de la anterior, y también unas normas generales para determinar el ejercicio de su función.

La nueva circular dicta que tiene como finalidad ampliar la norma de creación para mayor exactitud de la intención ministerial, y también para mejor conocimiento de esa intención por parte de los mandos militares, cualquiera que sea la jerarquía de los mismos. En su artículo 1º dice que no irá en momento alguno en menoscabo del prestigio y la autoridad del mando militar, por el contrario, será principal misión de los comisarios establecer una corriente espiritual entre los mandos y las tropas, de tal manera, que la confianza de los combatientes en los Jefes que los dirigen sea absoluta y total.

En cuanto a sus cometidos, tienen el deber de facilitar en las diversas unidades el desarrollo de aquellas iniciativas tácticas que, debidamente aprobadas por la superioridad, hayan de ponerse en juego. Será el mando militar en todo caso el que establezca y firme las peticiones que sobre armamento, municiones, vestuario, víveres, etc., se cursen a la superioridad; pero, para mayor rapidez de las solicitudes y también para mejor satisfacción de la masa de combatientes, las solicitudes deberán ser suscritas por el comisario general, los sub-comisarios o los comisarios delegados que actúen en el orden político en plano igual al que corresponda a la jerarquía del mando militar que haya de proceder en cada caso.

También irán provistas de la firma del comisario general de Guerra, de la de los sub-comisarios o la de los comisarios delegados, según los casos, las órdenes que por escrito se dicten de superior a inferior. 

Las normas generales, publicadas ese mismo día, dicen que se trata principalmente de llevar a efecto una labor político-social encaminada a mantener la moral de las tropas combatientes en el nivel necesario para la eficacia de su acción combativa y a dar sentido a la lucha armada. Deben los comisarios persuadir a los soldados y milicianos de que las clases, oficiales, jefes y generales que dirigen las operaciones, cuentan con la confianza del Gobierno y de los Sindicatos y grupos políticos que apoyan a éste. Deben procurar que todos los combatientes, sin importar su procedencia sindical, borren entre ellos los diferentes puntos de vista.

En una orden del 6 de enero de 1937 se determinan los distintivos y la uniformidad de los comisarios, aunque esta última, como ocurría en general en todo el ejército republicano, iba un poco acorde con el gusto de cada cual.

La uniformidad consistía en canadiense de paño marrón de gabán con hombrera y bocamangas en ángulo, llevando en el cuello una “C” dorada y en la bocamanga las insignias correspondientes a cada categoría. Pantalón noruego de paño del mismo color, y gorra rusa pasamontaña, con insignias. Como abrigo un capote ruso, de paño igual con las insignias colocadas en el lado izquierdo del pecho. Con un cinturón de cuero de color avellana con una chapa dorada con una estrella de cinco puntas y una bandolera de cuero del mismo color, terminada en funda para pistola.

Las insignias serán una estrella roja, de cinco puntas encerrada en un círculo, y debajo colocados los distintivos de cada grado, consistentes en cordoncillos.

Los comisarios se nombraban habitualmente por elección de la tropa entre el personal de la unidad.

Distintivos de grado de Comisarios políticos

Figura: 

La figura es la referencia TGC-28 Comisario Político de la marca El Viejo Dragón en 65 mm.

Lleva un chaquetón de cuero muy extendido entre los comisarios políticos. 

A la figura se le ha añadido el distintivo de empleo en el lado izquierdo del chaquetón.

La ambientación es de fabricación propia.

 


martes, 13 de septiembre de 2022

Capitán de artillería. Guerra Civil 1937

 

Con el advenimiento de la II República se llevan a cabo una serie de reformas militares, entre las que destaca la supresión de las Regiones Militares y las Capitanías Generales que dan paso a ocho Divisiones Orgánicas.

El 18 de julio de 1936, la artillería del ejército español se organizaba entre dichas Divisiones Orgánicas. La Artillería de una División Orgánica se organizaba en una Brigada con dos Regimientos, uno de cañones (en general, el Schneider 75/22) y otro de obuses (Vickers 105/22, con el Schneider 105/11 en las unidades de montaña). Cada Regimiento tenía tres Grupos, organizados a tres Baterías de cuatro piezas, con un total de 36 piezas por Regimiento, y 72 en el total de la División

En total había 16 Regimientos ligeros, 4 Regimientos pesados, 4 Regimientos de Costa, 2 Regimientos de Montaña, 1 Regimiento a Caballo, 2 agrupaciones africanas, grupos mixtos en Tenerife, Gran Canaria y Mallorca, 2 grupos de Defensa Contra Aeronaves, 3 grupos de información, 1 grupo de Montaña independiente.

En el bando nacional quedaron 10 Regimientos ligeros, ,2 Pesados, 1 de Montaña, 2 Regimientos de Costa, 1 grupo DCA, 1 grupo de información, las 2 agrupaciones africanas, y los tres grupos Mixtos de las Islas.

La doctrina de empleo de la artillería estaba un poco anticuada en España en esta época, ya que no se habían incorporado los nuevos procedimientos desarrollados durante la I Guerra Mundial, por un lado por la falta de medios y recursos económicos, y por otro porque la idiosincrasia de la Guerra de África, en la que estábamos a menudo inmersos, no lo requería.

Al iniciarse la guerra el bando nacional se organizan columnas interarmas con dos o tres batallones y alguna batería de artillería de apoyo, siguiendo el mismo esquema que se venía empleando en las guerras de África, lo que le da buen resultado ante un enemigo que no presenta una buena organización, ni preparación y al que se enfrenta casi siempre en campo abierto. Pero cuando estas columnas chocan con un enemigo más organizado y apoyando su defensa en un núcleo urbano de grandes dimensiones como Madrid, no pueden imponerse.

A partir de la batalla de Madrid se inicia una reorganización de los ejércitos de ambos contendientes. El ejército republicano opta por una organización basada en las Brigadas Mixtas que debían contar con un grupo de artillería de apoyo, pero que en la mayoría de los casos no pasó de entidad batería, lo que unido a la falta de mandos y de tropa cualificada hizo que nunca se contara con una masa de artillería suficiente, ni eficiente, para el desarrollo de las operaciones. Por ello centralizaba habitualmente el control de la artillería a niveles Ejército y Cuerpo de Ejército.

En el bando nacional se opta por una organización basada en divisiones con dos grupos de artillería, normalmente, más luego los apoyos correspondientes de Ejército y Cuerpo de Ejército.

Ambos bandos cuando planeaban las operaciones establecían una organización operativa de la artillería que se adecuaba a las necesidades y a la artillería disponible en el momento.

El desarrollo de la guerra lleva a enfrentamientos de cada vez mayor envergadura con un mayor y más adecuado empleo de la artillería cuyo culmen sería la batalla del Ebro, aunque por las características propias de nuestra guerra civil no se llegaría a masas de artillería tan grandes como en la Primera Guerra Mundial.

En cuanto a la uniformidad de los artilleros del bando nacional sigue las mismas pautas que el resto del ejército, destacando el parche romboidal del pecho con el distintivo de artillería y la galleta con las divisas con los colores rojo y negro asignados a la artillería.


Figura:

La figura es una transformación de un oficial italiano de la 2ª GM de la marca Alpine Miniaturas de escala 1/35.

Se le ha añadido una cabeza adecuada, adaptado el uniforme y puesto los parches con las divisas de capitán provisional encima del bolsillo y el distintivo de artillería sobre el bolsillo.

El oficial lleva un pantalón de color beige, muy utilizado por la oficialidad del bando nacional, y una sahariana caqui, tipo italiana.



martes, 9 de noviembre de 2021

Cadete de Infantería. Asedio al Alcázar de Toledo. Guerra Civil.1936

El precursor de la Academia de Infantería fue el Colegio de Infantería instaurado en Toledo en 1850.

En 1875 se establece en el Alcázar de Toledo la Academia de Infantería.

En 1882 se crea la Academia General Militar en el propio Alcázar y absorbe a la de Infantería, volviendo a restablecerse en 1893 al disolverse aquella.

En 1927 se crea nuevamente la Academia General Militar y se establece en la ciudad de Zaragoza, convirtiéndose la Academia de Infantería en Academia de Aplicación de Infantería.

Con las reformas de Azaña de 1931 se vuelve a disolver la General fusionándose las de varias armas en la nueva Academia de Infantería, Caballería e Intendencia con sede nuevamente en el Alcázar de Toledo.

En el año 1936, la guarnición de Toledo pertenecía a la 1ª División Orgánica (Madrid), siendo el gobernador militar el Coronel más antiguo de la plaza, que era el Coronel Moscardó, director de la Escuela Central de Gimnasia. La guarnición se componía de la Academia de Infantería, Caballería e Intendencia, la  Escuela Central de Gimnasia, la caja de reclutas nº3, la Fábrica Nacional de Armas, el servicio de farmacia, el servicio de intervención y el colegio de Huérfanos de M.ª Cristina, lo que ascendía a unos 500 hombres, de los cuales más de la mitad se encontraban de permiso en el mes de julio.

La Guardia Civil de la provincia pertenecía al II Tercio y se componía de dos compañías en Toledo, una en Ocaña y otra en Talavera, mientras que la Guardia de Asalto solo disponía de una compañía en la ciudad.

El Coronel Moscardó después de dar largas para no enviar a Madrid el armamento y sobre todo la munición de la Fabrica Nacional de Armas declarará el estado de Guerra en la ciudad el 21 de julio. Esa misma tarde llegará una columna desde Madrid al mando del General Riquelme con dos compañías de Infantería, Guardias de Asalto y milicianos sindicalistas con unos 1500 efectivos y se inician las hostilidades.

El Coronel Moscardó había establecido una defensa perimétrica por la ciudad, pero el 22 se ve obligado a replegar a todas sus fuerzas sobre el Alcázar, a donde también se estaba concentrando la Guardia Civil de la provincia. Ese día se inicia el asedio sobre el alcázar que aguantará 68 días hasta su liberación el 27 de septiembre por las fuerzas del general Varela, soportando incesantes bombardeos, disparos continuados de cañón, la explosión de 3 minas y numerosos asaltos.

Al inicio del asedio el Alcázar albergaba 1759 personas de las cuales 1085 pertenecían al Ejercito y cuerpos de seguridad, que incluían 631 guardias civiles y 22 guardias de asalto, y también 674 civiles, de los cuales 106 se alistaron. Entre las fuerzas del Ejército había unos pocos cadetes que se habían incorporado del permiso por la gravedad de los sucesos que acontecían y participaron activamente en su defensa.

Los cadetes llevaban un uniforme gris y sobre este los cordones rojos que caracterizaban a los alumnos.

Figura:

La figura pertenece al catálogo de "el Viejo Dragón", en 65mm. referencia TGC-24.

Lleva el uniforme gris de cadete de primero con los cordones rojos.

La base son unas ruinas antiguas de la marca Alhambra Models.

Composición fotográfica con las ruinas del Alcázar 


lunes, 5 de julio de 2021

Soldado de Infantería del Ejército Popular de la República. 1937

La tarde del 17 de julio por  se produce el alzamiento en las guarniciones de África y el día 18 se va extendiendo por toda la península. En los momentos iniciales el Gobierno de Casares Quiroga intentó desbaratar el pronunciamiento destituyendo a los generales sospechosos y sustituyéndolos por generales de confianza, pero no da resultado.

A los partidos y sindicatos de izquierda estas disposiciones iniciales les parecieron insuficientes y extendieron la proclama de “armas para el pueblo”, pidiendo que se armara de inmediato a las milicias socialistas y comunistas y a los afiliados a sindicatos, en un proceso de identificación del pueblo con los frente-popularistas. Pretendían aplastar la sublevación e iniciar al mismo tiempo su revolución, cuyo primer capítulo fallido había tenido lugar en  octubre de 1934.

En Asturias y León se da orden de armar a las milicias. En Madrid el Teniente Coronel Gil, Jefe del Parque de Artillería, desoyendo las órdenes recibidas reparte armas entre las milicias de izquierda.

Por un decreto del 18 de julio de 1936, el gobierno de Casares disolvió todas aquellas unidades militares que habían tomado parte en el movimiento insurreccional. Y por otro decreto de ese mismo día licenciaba a la tropa de todas aquellas unidades cuyos cuadros de mando se hubieran alineado en contra del gobierno republicano. Con estas disposiciones se prescindió de un número respetable de fuerzas militares que hubieran resultado muy útiles en las primeras semanas de la guerra.

El gobierno de Casares, desbordado por la situación, dimite la tarde del 18 de julio. Un nuevo gobierno dirigido por Martínez del Barrio intenta hacer desistir a los sublevados intentando negociar con ellos, pero al no conseguirlo dimite también.

Es nombrado un nuevo gobierno a cargo de Giral, cuya primera disposición es armar a las milicias de los partidos del frente popular. 

La fuerza miliciana se componía de una serie de columnas que partían hacia los distintos frentes sin coordinación alguna obedeciendo tan solo las consignas de su organización política o sindical. En el Ministerio de la Guerra se creó, el 8 de agosto, la Inspección General de Milicias para intentar ordenar la situación caótica de las mismas, intentar coordinar sus esfuerzos y avituallarlas correctamente.

El 4 de septiembre dimite el gobierno de Giral y da paso a un gabinete dirigido por Largo Caballero, que además asume el ministerio de la guerra.

El hecho de que el alzamiento fuera dirigido por militares, junto con el sentimiento antimilitarista de las fuerzas de izquierda, y la falsa sensación de superioridad que cundió al reducir en ciudades importantes los focos de alzados miliares durante los primeros momentos, hizo que se desconfiara de los militares y que se pensara que un conjunto de fuerzas de milicianos revolucionarios sería suficiente para dominar el alzamiento y hacerse rápidamente con el control de la situación. Pero pronto, la realidad hizo ver que un conjunto de fuerzas de milicias no era suficiente para hacer frente a las columnas nacionales, que la guerra no era cosa de pocos días y que para poder vencer había que organizar un ejército disciplinado, instruido y un mando único que dirigiera todos los esfuerzos bélicos en un mismo propósito.

En el seno del gobierno y en el partido comunista se llegó pronto al convencimiento de que sin un ejército organizado y disciplinado, no se podía afrontar la guerra. Pero la militarización chocaba de frente con la ideología de las distintas organizaciones de izquierda que habían organizado sus milicias, y pretendían, cada una, de ellas llevar a cabo su propia revolución.

En octubre de 1936, el gobierno republicano inició el proceso de reorganizar sus fuerzas armadas sobre la base de las unidades y cuadros militares que habían permanecido leales, al tiempo que refundía las milicias en unidades regulares del nuevo ejército.

Para hacerlo poco a poco se pasó a los oficiales y clases de milicias a la escala activa del ejército. Se movilizó también a la quinta de 1932 a 1935, con lo cual los milicianos de dichas quintas se integraban directamente en el ejército.

Además para paliar también el rechazo a la reorganización en un ejército regular, el 16 de octubre, se creó la figura del comisario político que estaría presente en todas las unidades.

Como base de esta nueva organización, el 18 de octubre de 1936, se crearon las Brigadas Mixtas en base a cuatro batallones de infantería, junto con artillería, ingenieros, carros y blindados, caballería, sanidad. intendencia y transmisiones. De esta manera nacía el Ejército Popular Republicano.

La 1ª y 3ª Brigada Mixta entrarían en combate precipitadamente en la Batalla de Madrid, donde partidos y sindicatos movilizaron a todos sus miembros a alistarse al ejército.

Coincidiendo con el final del asalto a Madrid, para el mes de diciembre ya se hallaban en servicio quince brigadas, incluyendo las XI y XII Brigadas Internacionales.

Se estableció también un nuevo tipo de saludo con el puño cerrado y unas nuevas divisas de mando para de esta manera marcar diferencias con el anterior ejército regular.

A finales de noviembre se organizaron las Brigadas Mixtas en divisiones, y a finales de año se crearon cuerpos de ejército.

En la Batalla del Ebro, en 1938, el ejército republicano alcanzaría su nivel máximo de organización y su máxima operatividad.

Con excepción de algunos jefes milicianos, como Modesto o Lister, que se habían preparado en academias de Moscú, la mayoría de ellos adolecían de los conocimientos militares necesarios, lo cual condicionó siempre el desarrollo de las operaciones.

Durante los primeros meses, los soldados no recibían ropa ni armas o municiones suficientes, pero poco a poco se fue paliando la situación.

La uniformidad durante la Guerra Civil no fue excesivamente rígida, especialmente en el ejército republicano. Era habitual la incorporación de prendas de todo tipo para paliar la escasez de vestuario reglamentario, en especial prendas de abrigo.

Figura:

La figura es del catálogo de Miniaturas Beneito en 54mm. y representa un soldado del Ejército Popular de la República.

En este caso, lleva una uniformidad reglamentaria.Lleva en bandolera una manta o capote, práctica muy extendida en ambos bandos durante la guerra.

 


jueves, 1 de julio de 2021

Cabo de Infantería con capote-manta. Guerra Civil. 1936-39

El capote-manta fue una prenda de abrigo muy típica del Ejército Español.

Se oficializó su uso en el reglamento de 1926, aunque anteriormente era parte de la uniformidad de la Legión desde su fundación y su uso estaba muy extendido en el ejército de África. Su origen se remonta a las tropas que combatieron en las sucesivas guerras de independencia hispanoamericanas.

Era una prenda impermeable y bastante cómoda, que consistía en un rectángulo de paño con una abertura para la cabeza, a menudo con el cuello forrado piel de cordero. Incluía también capucha.

El capote-manta fue una de las prendas más características de la guerra civil. Era usado desde los generales hasta la tropa, usando los oficiales, generalmente, un modelo abierto por delante y forrado de paño blanco y con cuello de piel, mientras que la tropa utilizaba un modelo cerrado tipo poncho.

Llevaba el emblema de Cuerpo o Arma sobre un rombo a la altura del bolsillo izquierdo superior de la guerrera, aunque durante la Guerra Civil se colocó sobre un rectángulo e incluso directamente bordado sobre el capote. Justo encima de este rombo llevaban el distintivo de empleo.

Normalmente se llevaba por encima del equipo para protegerlo de la lluvia. Pero también era habitual que se colocara el correaje por encima lo que permitía más libertad de movimientos e incluso combatir con él.

Los tonos de la tela fueron muy variados durante la guerra, no faltando tonos pardos y grises, al ser confeccionados a partir de mantas.

Figura:

La figura, de 54mm., pertenece al catálogo de Mundiart referencia (NR-11) soldado de infantería con capote y manta 1936-1939.


Capote-manta Colección Legislativa del Ejército



martes, 29 de junio de 2021

Alférez provisional. Guerra Civil. 1938.

El empleo de alférez provisional fue creado en septiembre de 1936 por el decreto n.º 94 de la Junta de Defensa Nacional,​ como una solución a la escasez de oficiales en el seno del Ejército Nacional y para atender a la necesidad de nuevos oficiales para las unidades militares de nuevo cuño que iban surgiendo.

El general Orgaz fue el organizador de las academias de alféreces provisionales, aunque al parecer la idea habría surgido del general Emilio Mola.​ 

Aquellos que aspirasen a ser alféreces provisionales debían tener entre 20 y 30 años, ​y poseer el título de bachillerato. La media de edad fue de 21 años y en un 50% eran estudiantes universitarios. Además de la preparación militar, también recibían una formación política, religiosa y moral.

También se habilitó a los miembros del cuerpo de suboficiales para que ingresaran en las academias de alféreces provisionales.  También ingresarían muchos combatientes de las milicias falangistas y carlistas.

Se crearon diversas academias por toda la zona nacional, y a lo largo de la contienda salieron alrededor de 30.000 alféreces provisionales. De ellos 22.000 fueron de Infantería combatiente, lo que supone aproximadamente los dos tercios de la oficialidad de campaña, casi el completo de los mandos de sección, la mayor parte de los de compañía y algunos de batallón, o unidades similares en otras armas, aunque en menor escala.

Cerca de 3.000 morirían en combate. El primero, el alférez Escalera, cayó en el frente de Aragón el 5 de Octubre de 1.936, y el último, Alfonso de Churruca, cayó en la cabeza de puente de Toledo el 27 de Marzo de 1.939, víspera de la entrada en Madrid.

Tras el final de la guerra muchos de los alféreces provisionales abandonaron las armas y regresaron a la vida civil; otros continuaron la carrera militar, que en número de unos 8.000 alféreces tras la contienda se convirtieron en tenientes provisionales y otros 500 alféreces que se convirtieron en capitanes. En 1958 se constituyó en Madrid la Hermandad de Alféreces Provisionales.

Están registrados los hechos de 15 caballeros laureados y 363 medallas militares, lo cual es un porcentaje muy alto, ya que en total durante la guerra se concedieron un total de 71 laureadas y 1.214 medallas militares.

Hubo alféreces provisionales en todos los cuerpos y armas, y además en aviación y en la Armada. Su uniformidad era la del cuerpo al que pertenecía y el símbolo identificativo que empleaban y les caracterizaba era un «parche» negro sobre el que iba una estrella dorada de seis puntas.​

Figura:

La figura es de la marca El Infante en 54mm.

Lleva como prenda de cabeza el gorrillo cuartelero muy característico en el Ejército Nacional.

También lleva una cazadora de cuero, que fue una prenda que tuvo mucha aceptación entre la oficialidad.

El uso de polainas estuvo también muy extendido.